domingo, 16 de julio de 2017

HOMENAJE Y AGRADECIMIENTO


La pasada semana nos dejó el empresario Arturo Palomino, una de esas personas cuyo esfuerzo ayudó a mejorar El Puerto de Santa María (las ciudades son también el resultado de sus emprendedores).

Entre sus méritos hay que citar las facilidades que otorgó para que su clientela abonara paulatinamente el mobiliario de sus casas, los puestos de trabajo creados y su compromiso accionarial y publicitario con Telepuerto. De entre los numerosos anuncios que emitió la empresa en sus catorce años de vida (desde 1993 a 2010, cuando la Junta decidió no concederle licencia de TDT, impidiéndole proseguir con sus emisiones) creo no equivocarme si apunto que el de sus establecimientos sitos en calles Cielo y Ganado fue el que más veces se reprodujo. Muchos lectores le recordarán empuñando un jamón ofrecido como regalo cuando se compraba en su negocio o evocarán con naturalidad aquel lema de “Cada cliente, un amigo”.

Su concepto sobre la importancia de la televisión local fue clara, por lo que colaboró en la conformación de un servicio público que muchos miles de portuenses echan de menos en estos tiempos en los que, pese a los loables intentos empresariales y a los plausibles esfuerzos de sus trabajadores, la cobertura televisiva de El Puerto de Santa María resulta insuficiente para un enclave que ronda los 100.000 habitantes, escasez que supone un problema agrandado si la situación se compara con la que gozan otras localidades del entorno.

La televisión local ayuda a la construcción de la identidad de las ciudades, informa a sus residentes del entorno más inmediato y genera un legado imprescindible, como se comprueba con la reciente entrega al Archivo Municipal de los fondos de la empresa, otro servicio en el haber de Telepuerto, en esta ocasión pese a hallarse extinguida.


No fui yo de los integrantes de la televisión que más contacto tuvieron con Arturo Palomino, una relación más intensa en los casos de Andrés Jiménez, Rafael Morro o nuestro siempre añorado Pepe Hormigo, pero cuando contactamos mostró la afabilidad de su carácter. Sirvan estas líneas para mi particular homenaje y agradecimiento. 

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
16 de Julio de 2017

domingo, 2 de julio de 2017

EL BUCLE DE URBANISMO


Hubo un tiempo en el que pensamos que la aprobación del PGOU era la solución de todos los males, el hito que necesitaba la ciudad para protagonizar un nuevo salto en la historia. Poco después, descubrimos el Peprichye.

Al principio nos pareció sólo un nombre raro, una denominación exótica que surgía de cuando en cuando bajo la que se esconderían simples trámites que, por desidia humana, nunca se llevaron a cabo. Creímos, cuán ingenuos, que un Plan Especial del Centro Histórico debía ser cosa menor ante un Plan General, toda vez que si se había trazado, al fin, al padre la lógica aristotélica derivaba en la cierta facilidad con que debía esbozarse al hijo pequeño. Soñamos que todo era dibujar y cantar… hasta que el Peprichye aguantó y aguantó y aguantó, como esos equipos de fútbol que no son gran cosa pero a los que no hay forma de meter un gol, de modo que te acaban empatando y hasta superando por la mínima si la fortuna les sonríe.

El concejal Ángel Quintana, que ha recalado en el Palacio de Valdivieso en el máster acelerado de gestión municipal que cursa, ha decidido hincarle el diente al Plan Especial del Centro Histórico, Peprichye, ese documento que, a fuerza de resistir en el tiempo, se ha hecho familiar hasta el punto de que los periodistas hemos conseguido conocer el acrónimo con la campechanía de quien delineara en Territorio y Ciudad.

Quintana ha contratado ahora el Plan de Descontaminación Visual y la redacción del borrador de Plan y Establecimiento de Alternativas para la Evaluación Ambiental Estratégica. Recuerda el edil que el Pepri (iremos  acortando, privilegios de las confianzas) es necesario para reactivar el casco antiguo, al hallarse éste sujeto a la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía. Ya no sabe uno si a base de planes parciales insertos en el general a modo de matrioskas se nos van a derruir definitivamente los inmuebles, sin que exista norma reglamentaria que los erija.


Y es que no hay que dejarse llevar por un optimismo infundado, especular con la luz al final del túnel administrativo: el hipotético punto y final del Pepri siempre origina un nuevo expediente. 

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
2 de Julio de 2017