martes, 29 de diciembre de 2015

EL ESPEJO NACIONAL


Las elecciones generales del pasado 20 de Diciembre, en consonancia con el momento en que se celebraban, han deparado un surtido navideño congresual, una heterogénea orografía que se torna más escarpada en un país frentista como el nuestro, acostumbrado taxonómicamente a un maniqueísmo tan primario que llega a mostrar como irreconciliables posturas que, si se examinan con frialdad, no son a veces tan distantes.

En mi opinión, habrá elecciones en pocos meses. El acuerdo más factible, si se atiende a los programas y a las obvias concesiones derivables, que abarcaría a PP y PSOE, no se producirá al suponer un suicidio político para los socialistas que entregaría la hegemonía de la izquierda a Podemos en la siguiente cita con las urnas.

La coyuntura de un entendimiento entre PSOE, Podemos, IU y siglas independentistas no resulta viable para el socialismo mientras se esgrima el principio de autodeterminación, que parece capital para los recién llegados, ganadores en País Vasco y Cataluña y en cuyas siglas conviven socios poco amorosos con la bandera nacional. En la primacía a efectos de pacto que Podemos otorga a ese principio sobre las políticas sociales (orden de valores no muy comprensible en una formación de izquierdas y que a Pablo Iglesias le costará defender en otras latitudes del Estado) se muestra, como bien analiza la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que Podemos no quiere negociar (evidenciándose al tiempo el peso de las formaciones coaligadas con el denominado populismo).

Y es que en este panorama demoledor para las matemáticas el partido de Iglesias es el que más eficazmente viene moviéndose para sus propios intereses, al sentirse favorecido por los acontecimientos presentes y presumibles futuros. Ante un PP noqueado por la pírrica victoria (no debería sorprenderle tanto pero en virtud de una extraña ley de la física todo partido regidor alimenta unos cálculos electorales que superan en generosidad a los que acaban por rubricar sus regidos), un Ciudadanos con la iniciativa mermada por un éxito menor al esperado (los políticos no son sólo presos de sus palabras, también de sus ambiciones), un PSOE con el peor porcentaje de voto de su historia en pleno proceso de cocción por las diferencias que inspiran los movimientos de su secretario general (en el andén a la espera de que le concedan subir al que enjuicia único tren presidenciable que pasará en su vida) y una IU que acaba de asistir a la pérdida de una oportunidad histórica y a la que le resta el consuelo biológico de seguir existiendo, Podemos sueña con unas elecciones que la ubiquen, al fin, como el principal partido de la izquierda. 

Es el paraíso de Iglesias, el único de los cuatro grandes líderes que aún sigue en campaña, el que asiste a la estupefacción que atenaza al PP y la confusión que embarga a Ciudadanos, el que paladea la rebelión de las baronías ante Pedro Sánchez, el que ya ni mira por encima del hombro a Garzón porque lo ha sumido en la irrelevancia: unos comicios en los que el voto se polarice en PP y Podemos que acaben permitiendo a los círculos (tan concéntricos que se metaforizarían en corona sobre la cabeza del líder) celebrar el triunfo de quien ha protagonizado el sorpasso sobre un partido acosado por luchas de poder e identidad, extinguiendo además a quienes un día (pobres ilusos) aspiraron a lograrlo. Erigido en faro de la izquierda, un Podemos quizá segunda fuerza nacional y distante de la mayoría absoluta, pero con margen de maniobra, dispondría, en el edén epistemológico de Iglesias, de posibilidades de formar gobierno, buscándose, desde la atalaya del poder, el modo de apaciguar las voces críticas derivadas de su obvia diversidad interna.

Los números que emanan de la pasada convocatoria electoral han deparado una suerte de España interina: bien mirados, exponen fielmente la situación de muchos compatriotas, interinos ante el diseño de su propio futuro. En el Congreso no salen las cuentas porque a un importante número de españoles tampoco les salen en su vida cotidiana. Un país en el que han crecido las desigualdades como en pocas naciones europeas en estos años de maldita crisis, una nación donde se han generado grupos de personas cada vez más inconexas (unos en su zona de confort, otros temiendo perderla, otros habiéndola convertido casi en un imposible, unos sintiéndose españoles, otros sintiéndose otra cosa, otros sintiéndose ni ellos mismos saben muy bien qué) ha trasladado esa divergencia hasta el espejo de su Cámara Baja: el lugar, simplemente, donde tocaba reflejarla.

Francisco Lambea
HOY
29 de Diciembre de 2015



domingo, 20 de diciembre de 2015

LA LUCHA DE MATALLANAS


A principios de agosto de 2012, el Racing Portuense presentaba el fichaje del mediocentro Carlos Alberto Gómez Matallanas. Matallanas defendió la camiseta rojiblanca durante una temporada y fue el autor del último gol oficial que los racinguistas marcaron en el José del Cuvillo (acuciado por problemas económicos, el club desaparecería, a efectos prácticos, poco después, sin llegar a iniciar la campaña siguiente).   

El verano de 2014, siendo todavía jugador en activo (el futbolista militaba en la Roteña) y coordinador de la sección de Deportes del periódico digital “El Confidencial”, tuvo que escuchar, a sus 33 años, el diagnóstico que le reflejaba afectado por Esclerosis Lateral Amiotrófica, ELA, una grave enfermedad neurodegenerativa para la que hoy no existe curación. Matallanas inició entonces la redacción de un blog. He leído muchas cosas en mi vida pero poco habré encontrado tan conmovedor como los textos que encierra ese blog, donde el autor desarrolla, con una sinceridad impactante, las sensaciones de quien se encuentra ante una de las experiencias más duras a las que la vida puede someter a una persona.

Quiero expresar aquí mis mejores deseos para Carlos Matallanas, mi afecto para él y para los suyos y quiero, además, invitarles a adquirir el libro “Mi batalla contra la ELA” (que edita El Confidencial), donde se recogen esos primeros 41 artículos a los que me refiero. Se venden en El Corte Inglés (estanterías y web) y Vips por 15 euros. La recaudación se destinará al proyecto MinE, que investiga este mal, capaz de afectar a cualquiera en función de esa lotería macabra a la que todos los humanos estamos expuestos.

El presidente del Consejo Superior de Deportes, Miguel Cardenal, ha entregado a Matallanas la medalla de bronce de la Real Orden del Mérito Deportivo por su contribución a dicho mundo como practicante y periodista y en reconocimiento a su empeño por dar mayor visibilidad a quienes padecen un mal que afecta a 4.000 personas en España, concienciando sobre la urgencia de apoyar los estudios contra esta cruel patología.


Seamos ahora nosotros quienes le ayudemos en su lucha adquiriendo el volumen. 

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
20 de Diciembre de 2015

domingo, 6 de diciembre de 2015

LA COSTUMBRE DEL DESPRECIO


España acostumbra a ser un país poco dado a valorar sus símbolos, los elementos que la definen. La Constitución aprobada en 1978 es uno de ellos. Hace justo hoy 37 años una abrumadora mayoría de compatriotas introducía en una urna su voto favorable a un texto bajo el cual se ha desarrollado un largo periodo que en líneas generales resulta positivo.

En años recientes se podía ver en estas fechas en algunos institutos portuenses a dirigentes de diversos partidos coincidentes en valorar ante los alumnos la trascendencia del articulado constitucional. Hoy ese espíritu parece haberse quedado sin defensores dispuestos a actuar como tales.

Se puede discutir la oportunidad de realizar algunos cambios (el Senado, por ejemplo, supone una Cámara perfectamente prescindible y no es lógica la primacía del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona) pero yerra quien apueste por introducir modificaciones en uno de los aspectos básicos: la unidad nacional. El federalismo, en España, es el primer paso para el independentismo y el independentismo acarrearía, por ejemplo, que los habitantes con menores rentas de los territorios no independizados (esto es, todos aquellos que no residen en Cataluña o en el País Vasco) viesen claramente reducido su nivel de vida (eso que se llama Estado del Bienestar) al desgajarse de la nación algunas de sus zonas más prósperas. El argumento es tan obvio que siempre me ha dejado estupefacto esa pasión que parece encender a la izquierda (mayor cuanto más izquierda) por desmenuzar el mapa. En su afán por fastidiar a la bandera y a un régimen desaparecido hace cuatro décadas no vislumbran que a quienes realmente dañaría su irresponsable postura es a las personas más pobres que viven bajo la enseña, precisamente ese sector social en cuya defensa basan su acción política.

No comparto la idea de que la Carta Magna sea la causa de nuestros males. Entiendo que los problemas que padecemos derivan, simplemente, de la ejecutoria de los gobiernos. De modo que invito a conmemorar la jornada de la mejor forma que se puede hacer con la Constitución: leyéndosela, o releyéndosela, según los casos.  

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
6 de Diciembre de 2015