domingo, 23 de noviembre de 2014

UNA EMOCIÓN SONORA


La Academia de Bellas Artes Santa Cecilia mantiene en el Centro Cultural Alfonso X hasta el próximo sábado la exposición “Poetas en el recuerdo”, que recoge composiciones de 18 escritores portuenses. El tiempo les ha llevado a una característica común a la larga inevitable: todos han fallecido. Dice el presidente de la institución, Manolo Pico, con ironía bienintencionada, que el hecho de que ninguno viva evita posibles problemas muy del gusto de la vanidad, que suelen traducirse en molestias por asuntos como la ubicación del poema en la sala, el número de obras seleccionadas o la identidad de los invitados copartícipes.

Un recorrido por la iniciativa, tan plásticamente sobria como sonoramente augusta, nos deja a ese universal Alberti que tan pronto entona la mar gaditana como la Roma agresiva con los peatones, al Pedro Muñoz Seca que traza versos a la Virgen de los Milagros guiado por una fe tradicional, a un José Luis Tejada que detalla la realidad de los cuerpos y del sentimiento, a un Augusto Haupold Gay detenido en jugar literariamente con la presencia de un ratón nocturno en su biblioteca. Me conmueve que Ángel María Dacarrete falleciera mientras preparaba su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua y me sorprende la rotundidad de un verso de Juan Ignacio Varela Gilabert en el que, reflexionando sobre la imagen de El Puerto, sentencia: “Muerto, dentro de ti, tu poderío”, en una especie de presagio de la apreciación que muchos conciudadanos experimentan hoy.

Mientras recorro los paneles, Felipe Sordo Lamadrid se me antoja un hallazgo en la inspiración que le provoca la Ribera del Río y Manuel Sánchez y Sánchez me reconforta recreándose en personas como La Guachi. También, lejana a toda epistemología lingüística, admito el asalto de cierta inquietud sobre mi propia edad, pues, siendo aún mediana en virtud de las estadísticas, ya se ha extendido lo suficiente como para permitirme haber conocido a algunos de los homenajeados.  


“Poetas en el recuerdo” es una memoria recomendable que vuelve a mostrarnos que al menos en las palabras se puede encontrar algo vecino a la eternidad.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
23 de Noviembre de 2014

domingo, 9 de noviembre de 2014

FRAGMENTACIÓN PLENARIA


Los resultados del Barómetro 8, encuesta electoral encargada por el grupo de emisoras de 8 Televisión a la empresa Insobel, reflejan que populares y andalucistas podrían reeditar el pacto que mantienen desde hace dos mandatos. La opción (con un PP a la baja, con 9 ediles, y un PA con 4 o 5, mantenido o en ligero ascenso al favorecerse en el reparto por la dispersión de un voto al que atraen nuevas siglas) sería celebrada por ambos grupos, rodeados del duro contexto económico que certifica la existencia de casi 12.500 personas en el SAE.

El estudio, efectuado con 600 entrevistas telefónicas en los últimos días de Octubre, sitúa a Izquierda Unida, con 4 ediles, como tercera fuerza, por delante de un PSOE que perdería esa posición y que igualaría en elegidos a la candidatura encabezada por Antonio Fernández, aunque con menor número de papeletas. El trabajo estima que Ciudadanos sufriría un acusado desgaste, pasando de 3 ediles a sólo 1: si el dato se confirma el IPcidio figuraría entre las tesis explicativas, aunque no hay que obviar que una sola acta adquiere estratégica importancia si populares y andalucistas se quedan rozando la mayoría.

La encuesta asegura que Queremos, bajo el liderato de Ignacio Colón, logra que el antiguo militante pepero luzca la medalla de concejal, pese a que la iniciativa ni siquiera ha llegado a presentarse oficialmente, una demora que juega en su contra por días.

Las indagaciones de Insobel dejan en el aire la hipótesis de que UPyD se alce con un edil, situación por la que también atraviesa un Ganemos que sería víctima de no haber definido aún su intención de competir, de carecer, en consecuencia, de cabeza de cartel y de pugnar por un espacio político en el que los electores parecen sentirse ya cómodos con la presencia de IU.


Las estadísticas deparan un mantenimiento del actual equipo de gobierno, con un margen que desaconseja excesos de confianza, en el marco de un salón de plenos donde se reducen las diferencias entre el partido más apoyado y los inmediatamente perseguidores y en el que aumenta la fragmentación, pues las cinco formaciones actuales podrían convertirse incluso en ocho. 

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
9 de Noviembre de 2014

jueves, 6 de noviembre de 2014

LA MEMORIA COMO PATRIA


Acostumbramos a pensar que los territorios son los espacios por los que nuestros pies caminan, por los que nuestros ojos se extienden obedeciendo quizá al simple dictado de la inercia, en los que se asientan los ámbitos cotidianos, pero la tierra la define también ese elemento mágico que es la memoria, su huella de naturaleza inefable sobre una superficie que los sentimientos crean en algún margen del aire.

Así, un territorio puede ser un color, el del cielo que las cigüeñas parecen bendecir en su vuelo plácido, en un leve batir de alas tras el que se acunan en la torre de una iglesia erigida frente a los siglos, mientras confieren a la tarde un aura de elegante serenidad. También puede ser una luz, su lento despertar en la promesa del alba, el canónico azul de un mediodía de primavera, el tamiz de un visillo a través del que avanza sigiloso el crepúsculo, el abrazo con que envuelve la quietud del limonero, la blancura de una estrella que traslada un cierto temblor de infinito, o puede ser, estrictamente, una geometría: un círculo de sillas de la que, en las noches amables del estío, surge un murmullo suave tras el que a veces se desprende la franca catarata de una risa, el irregular rectángulo de un patio cuyo espacio magnifica la inocente percepción de un niño y que en sus recovecos encierra varios de los elementos que durante unos años nos bastaron para ser felices.

Un territorio puede ser una voz, unas palabras que nos asaltan desde el voluntarismo del consejo o la acritud de la reprobación y que en su timbre de regreso fuesen pronunciadas por los mismos labios que entonces las decían, cuando no presagiábamos que acabarían por sonar como un eco, simultáneamente próximo y lejano.

Un territorio puede ser la lluvia desafiando la ensolerada paz de los tejados, desangrando su transparencia en los cristales, sembrando charcos en los que espejea el contorno de las nubes, o la recreación de un juego que invoca sin remedio a la nostalgia, o incluso un miedo que ahora se revela absurdo y que en el pasado suscitara inevitables pesadillas.   

Un territorio son las calles por las que una cartera vuelve a dirigirse a su disciplina, de la que una pequeña mano extrae hojas de primeras lecturas con las que silabear el complejo libro del mundo, y también los edificios cuya estampa desapareció de aquel itinerario, o en el que permanecen mostrando usos distintos, en el fondo una suerte de despedida.

Un territorio puede ser una casa donde el único habitante es la ausencia, una casa consciente de que nunca será la misma casa, donde las puertas ansían volver a abrirse al paso de quienes hace demasiados años que no las atraviesan, y cuyo mensaje interior alberga celosa, como quien cobija su tesoro más preciado y propio, abierto sólo su secreto a los inviolables códigos del corazón.

La música, sin duda, es capaz de componer un territorio, la sinfonía dulce de un pentagrama en el que no cabían notas desacordes, del que exhalaba una armonía interpretada por una orquesta en cuyos componentes no reparábamos, pero que de algún modo se nos antojaba tan desconocida como eterna.

Un territorio es también el tiempo imposible de las fotografías en las que aquellos que ya no están nos descubren que aquel instante que un destello quiso apresar en la textura humilde de un papel era, sin nosotros saberlo, un paraíso que, décadas después, nos descubriría que un instante, hondo misterio en su fugacidad, es el mayor de los privilegios.

Un territorio, sí, puede delimitarse en el azar de la memoria, en la natural o forzada introspección que recupera una escena y la libera del abismo del olvido, de esa nieve oscura que se licúa en definitivo silencio.


Sólo finaliza su existir aquello que nunca se recuerda. En estos días, siempre difíciles tras decidir la muerte nombrarnos adultos, la mirada busca, por encima de ese otoño escrito en las copas de los árboles, aprehender la distancia inabarcable, esquiva, del horizonte y, mientras espera algún tipo de respuesta, los pensamientos forjan un territorio, una patria íntima cuya orografía revela parte del mapa de nuestra vida, una patria íntima, tan repentina como inexpugnable, que nos salva del exilio más triste: el de dejar de ser nosotros mismos.

Francisco Lambea
HOY
6 de Noviembre de 2014