EL PUERTO DE CINE


La proyección al fin, seis años después de su rodaje, de “Manolete”, la cinta grabada, entre otros lugares, en El Puerto de Santa María, constituye una noticia tan buena como singular para los portuenses, que pueden disfrutar de la curiosidad cotilla de husmear entre el público que asiste a la que sería última corrida del diestro buscando la complicidad de fijar algún rostro familiar en los tendidos de nuestra Plaza Real, descubriendo la novedosa sensación de cómo se llega a observar una película más atento a los extras que al protagonista.

El notable retraso en la emisión (se comprende que todo aquello en lo que la ciudad anda metida acaba sufriendo una suerte de condena temporal a la que no escapa ni el ámbito cinematográfico) ha desvirtuado bastante la expectación en torno a este trabajo, pero, como me niego a participar de ese silencio con el que El Puerto despacha todo aquello que consiga ensalzarlo (en contraposición a la traca mediática en la que se volcarían enclaves del entorno en circunstancia similar) valga esta columna /recordatorio para que la exhibición pase algo menos desapercibida, teniéndola tan a mano como la tenemos en las salas de Bahía Mar.

La película no es magnífica, pero se puede ver, si uno no resulta excesivamente pejiguera o entiende de cine tanto como de vinos (obvios aciertos compensan aspectos menos conseguidos por Meyjes) y ofrece a los espectadores locales la posibilidad de atender a las calles que transitan habitualmente como escenarios de localizaciones para el séptimo arte, con intérpretes tan significativos como Adrien Brody o Penélope Cruz.

Habrá que confiar en que, una vez sea posible, desde el Ayuntamiento se programe esta cinta en alguno de sus ciclos culturales, acompañando a eminentes producciones vietnamitas, surcoreanas, libias o finlandesas, de cuyo interés existencial no oso dudar.

Con sus años de demora y todo, y pese al atisbo de cierta decepción por una obra que debería haber llegado a más (presupuesto y actores mediantes) “Manolete” constituye otro ejemplo de que esta ciudad merece mayor estima de la que acostumbran a concederle sus propios habitantes.

Francisco Lambea
Diario de Cádiz
2 de Septiembre de 2012

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